jueves, 19 de enero de 2017

En la UFC también hay CORAZONES





Cuando Garbrandt cumplió 19 años le faltaba motivación. Su talento corría el riesgo de malograrse. Su rutina consistía más en cerrar bares y en peleas callejeras que en golpear un saco. Una noche de 2011, una de esas refriegas acabó con un navajazo en su pierna que le costó 12 puntos. Aquello accionó algún resorte en su cabeza: necesitaba un cambio

Desde entonces trabajó muy duro. Quería no solo ser profesional de la UFC sino hacerse algún día con el título. Lo soñaba desde niño así que tenía que tomar una decisión, comportarse -al fin- como un profesional. Abandonó los bares, se mudó a Sacramento (California) donde fichó por el Team Alpha Male, y comenzó a entrenar tres veces al día y a cuidar su alimentación.

Su potencial era obvio: cuanto más luchaba más se demostraba su madera de campeón. Hay quien le compara con Conor Mcgregor , el único en la UFC que ha conseguido hacerse con dos títulos en dos pesos diferentes: peso pluma (65,8 kilos) y peso ligero (70,3). Garbrandt, que mide 1,72 y pesa 61 kilos, es ahora el campeón de peso gallo (61,2). El pasado de Garbrandt como boxeador aficionado le otorgaba una ventaja en el octógono que le llevó a no perder ni una sola pelea desde que debutó en la UFC.

Garbrandt necesitó cinco asaltos. Pero ganó. Y allí, junto a él celebrando la victoria, en el mismo octógono y sonriente, estaba Maddux Maple, quien, según comentaba el propio agente del deportista, se quedará con el cinturón original mientras el Garbrandt se llevará una réplica hecha por la organización

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